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La historia de Jocelyn

Sudán del Sur

“Me alegra que mis hijos tengan una vida mejor que la mía”.

Jocelyn Apu es una mujer feliz de unos 50 años, que sonríe mucho durante la conversación. Desde los seis años vive en Luri Rokwe, una leprosería “pueblo de lepra” donde muchos de los residentes viven con graves consecuencias de la enfermedad. El pueblo se construyó inicialmente lejos de la ciudad para que las personas que vivían allí estuvieran aisladas de los demás, aunque ahora se puede llegar fácilmente por carretera.

Cuando Jocelyn comenzó a tener hinchazón de las manos y úlceras en sus dedos, sus padres supusieron que era lepra. Se temía que, si se quedaba en casa, infectaría a sus cuatro hermanos y hermanas. Entonces su padre la trajo a Luri Rokwe, donde podría ser atendida. Tuvo que volver con la familia, que vivía en Gemesa, a unos 40 km de distancia. A veces venían de visita, pero siempre estaba solo.

En Luri Rokwe, Jocelyn recibió tratamiento básico contra la lepra, pero no se le enseñó nada sobre cómo cuidar sus manos y pies, que habían perdido la sensibilidad debido a la lepra. Ella sufrió heridas graves en sus manos, y la mayoría de sus dedos se deformaron severamente. Después de varios años  se casó con un hombre que provenía de una familia afectada por la lepra. Ella y su esposo han tenido nueve hijos pero solo cuatro de ellos han sobrevivido. Jocelyn vive con su familia de seis en una casa simple de una habitación, alrededor de la casa existe la posibilidad de cultivar algunos frijoles y otras verduras, parte de la producción logran venderla en el mercado y los ingresos se utilizan para comprar harina y otros productos esenciales. 

Uno de los tíos de los niños proporciona dinero para los gastos escolares; de lo contrario, probablemente habría sido imposible organizar la escolarización de los niños.

Jocelyn dice: “Me alegro de que mis hijos tengan una vida mejor que la mía. Están saludables y estudian en la escuela, pero desearía tener más espacio en nuestra casa. Y también quiero una mejor posición económica para proporcionar alimento a mis hijos tres veces al día, muchas veces solo puedo satisfacer esta necesidad dos veces al día y con gran esfuerzo y en los peores momentos no tenemos nada para comer, como ahora que es la estación seca el momento más difícil”. “Crecemos, pero nada crece cuando  no llueve” nos comenta con la mirada perdida y termina agregando “En serio, espero que MISIÓN CONTRA LA LEPRA tenga energía y recursos para ayudarme a mí y a mi familia”.

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